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Viktor Frankl (1905-1997), uno de los psicoterapeutas más representativos de este siglo y último de la Escuela de Viena, creó la logoterapia. Fue precisamente durante su internamiento en el campo de concentración de Theresienstadt, donde desarrolló su teoría basada en la búsqueda de un sentido para la vida de los seres humanos. Las ideas acerca de la hiperreflexión y derreflexión son excelentes aportaciones a la teoría y práctica de la psicoterapia que a nosotros nos interesan y, a continuación, vamos a desarrollar.

Practicando la derreflexión aprendemos a romper con esa actitud de autoobservación que impide que funcionemos de forma natural y saludable. Mediante la técnica de la derreflexión aprendemos a ignorar los síntomas y recuperamos nuestra estabilidad. Aprendemos a confiar en nuestro inconsciente frente a lo racional o intelectual, ayudándonos a descubrir una solución en situaciones en las que nos sentimos atrapados por nuestra propia preocupación acerca de un problema que puede ser físico, psicológico o existencial.

Cuando no ponemos demasiada atención en resolver un determinado conflicto, en la mayor parte de las ocasiones, la salida aparece de forma natural. Sin embargo, no es suficiente con no prestar tanta atención a esa preocupación, también hay que dirigir nuestro foco de interés a otro contenido positivo. Es decir, necesitamos un cambio en la actitud personal, en definitiva, pasar de estar centrado en mí para ser capaz de encontrar sentido en lo que me rodea, dirigiendo la mente hacia otros pensamientos, objetivos o metas nuevos. Nos guste o no, muchas veces será necesario improvisar, y no tenemos por qué acertar.  Más sobre Logoterapia.